Cuando el poeta galés Dylan Thomas regresó de la White Horse Tavern, un 3
de noviembre de 1953, tambaleándose a lo largo de las veredas
neoyorquinas y lanzó su confesión en el lobby del hotel
Chelsea (“Me tomé 18 whiskies. Creo que es todo un record”), nadie
imaginó que la fama de su frase cobraría un renovado impulso, en otro
lugar y mucho tiempo después, en el título de una revista editada por un
grupo de poetas porteños, casi cuarenta años después. El primer número
de la revista 18 Whiskys (o la Whiskys, como se refieren a ella la
mayoría de los que vivieron el verano poético de los ’90) salió en el
año que inauguró la década, y pese a su corta duración (se editaron dos
números dobles, el segundo en 1992) significó la unificación en un mismo
espacio de un coro de voces y pensamientos que hasta entonces se habían
mantenido unidas mediante el hilo de una caravana que, según el día, las
llevaba del living de la casa de Daniel Durand, en Mario Bravo al 900,
al departamento de Laura Wittner en Villa Crespo, y que podía terminar
sin sorpresas en una excursión a Sarandí, cerca del río, en busca de
vino patero.
Allí no solo encontramos poemas de los entonces jóvenes de aquella época sino también
el armado de un campo de pertenencias (no tanto de legitimaciones, para ello estaba
el Diario de Poesía) en el que se dejan ver la conformación de un campo
cultural-artístico específico. Tanto el neobarroco perlongheriano como las
influencias de la poesía objetivista norteamericana de Williams Carlos
Williams, que por continuidad tenía algo del imaginismo de Pound, no eran
canónicos ni de circulación masiva. Los que formaban parte de esta publicación autogestionada, realizaron una fundamental relectura de autores como Zelarrayán, Joaquín Gianuzzi, Arnaldo Calveyra,
Andrés Caicedo; textos que en aquel momento circulaban casi exclusivamente en
fotocopias y hoy se puede acceder a ellos a través de obras reunidas. Este grupo representó su propio canon y optó por una resistencia
político-cultural de la producción literaria.
Establecer entre ellos
caracterizaciones demasiado generales puede ser arriesgado; basta decir que los integrantes de esta generación aportaron a la
conformación de un nuevo canon y al encuadramiento del fenómeno de la literatura en el cambio en
los modos de producción, la difusión de las obras y la ruptura de cierta
concepción individual en pos de una producción colectiva. Sin dudas, estos
factores afectan la actualidad literaria. Los ciclos de poesía, iniciativa que adopataron desde temprano, por otra parte,
otorgan hasta el día de hoy nuevos espacios de circulación de saberes, muchos menos
dogmáticos y más populares; una sutil forma de sacarle la careta a la poesía.
"Rally París Dakar" es un documental de Mario Varela, uno de los redactores de la revista, que registra una competencia que consistía en algo así como ir a 9 bares por San Telmo y tomar una bebida alcohólica distinta en cada uno: ginebra, vodka, whisky, melaza, vino, etc. No se podía vomitar entre vino y vino. Y se suponía que el último en quedar en pie ganaba y le editaban un libro gratis. Los competidores eran los poetas de la revista: Desiderio, Villa, Durand, Casas, Rojo...
Proximamente realizaremos un dossier con una selección de textos para que comprueben ustedes mismos la calida de aquellas poéticas. A continuación dejamos el documental que dura solo 30 minutos; que lo disfruten:

No hay comentarios:
Publicar un comentario